Ya este paseante disfrutaba ayer de una visión de la Plaza de San Francisco, adornada como si fuera el Corpus: no faltaba ni una colgadura en un balcón. Hablan de cerca de 2000 miembros del equipo técnico alojados en La Ciudad durante un mes. Desde el viernes ya se hacían notar en los bares, complacidos por la hospitalidad sevillana. Nunca falla: tu eres el mejor…pero déjate “los dinero” por aquí. Esa misma hospitalidad que desarrollamos cuando nos invaden miles de Hooligans ingleses.
Pues eso, tenemos La Ciudad convertida en un símil del “Villar del Río” que Berlanga inmortalizo en su gran película. Paralizamos el centro por unos días, para facilitar el rodaje. A fin de cuentas cuentan con que alrededor de 5 millones de euros puede ser el beneficio directo e indirecto que van a dejar por aquí los americanos, con el rodaje de Knight & Day.
La verdad que el negocio parece bueno, mirado fríamente. Como será la cosa que el CECOP ha elaborado el dispositivo Knight & Day, para que no tengan ni un problema nuestros huéspedes, y quieran repetir.
Para ellos solo tenemos que prepararnos para cientos de extras vestidas de “gitana”, escenas rodadas en la Maestranza -con mantillas incluidas-, coches de caballos, alguna que otra banda de cornetas y tambores, y, -ojo-, gigantes y cabezudos traídos de Pamplona. Una vez más la máxima imagen que podemos transmitir es folclórico-festiva. Para eso somos perfectos, tenemos todos los avios para que el puchero “y olé” salga perfecto.
Está todo pensado, a los comerciantes afectados, la productora les proporciona una paguita a distribuir por el Ayuntamiento, para que no hagan ruido; y no faltará el pueblo sevillano dando calor a cada rodaje. Por cierto, por el Consistorio, también podrían pensar en la repercusión económica de la Semana Santa, y no ponerle tantas piedrecitas en el camino.
No han cambiado mucho las cosas desde Bienvenido, Mr Marshall, la imagen sigue siendo la misma. Eso sí, el original tenía un tono crítico-sarcástico, que aquí brillará por su ausencia. Una vez mas, se dará una imagen de La Ciudad y sus fiestas distorsionada, aumentando la leyenda de ese rincón del mundo eternamente de juerga (ya asumimos hasta las fallas de Valencia o los encierros de Pamplona). Todo vale por dinero.

Lástima que la magnífica evolución del Festival de Cine Europeo de Sevilla vaya de la mano de está prostitución por el Cine. Debe ser esa sempiterna dualidad que nos caracteriza. Esa que hace que este visitante, pese alegrarse por que La Ciudad entre en los circuitos del cine mundial, se entristezca por las formas y, sobre todo, resultado del producto.
Por ello, y por irme preparando, les pido a todos que cantemos a coro:
Os recibimos americanos con alegría
olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía
americanos, vienen a España gordos y sanos
olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía.


























