El calendario particular de La Ciudad comienza. Para este visitante el año no comienza el día 1 de enero, lo hace el día 6, tras la
Función del Gran Poder. Entonces es cuando comienza nuestra particular cuenta atrás que, paradójicamente, tras escasos tres meses, hará que estemos deseando la llegada de un nuevo año.
Ya tenemos el anuncio oficial del
Consejo para la
Semana Santa. Mis peores expectativas han sido rebasadas con creces. El resultado vuelve a ser
decepcionante, una nueva muestra de la involución que estamos sufriendo en muchos aspectos en La Ciudad. El
pasado año este visitante hizo la vista gorda al estilo del Cartel, porque la temática central –aquellos ciriales asomando por la calle- me parecía de lo más sugerente.

Este año nos encontramos de nuevo con un cartel con un estilo inclasificable (que abraca desde el
kitch hasta a un sorprendente
“barroquismo sevillano” como ya he leído por ahí), en el que no caben ya más mensajes; sin que se saque nada claro. La idea del
telón litúrgico de la Semana Santa que se alza para una teatralidad formalizada en la calle, puede ser sugerente pero la composición es tremenda. El tema central es el Palio de la
Caridad del Baratillo saliendo del
Postigo, bajo un ese telón presidido por el
Lignum Crucis de Vera Cruz, levantado por los angelitos del canasto de la Piedad, y flanqueados por nazareno y un
armao (que no nos falte de ná). Voy a indultar la figura del nazareno del Baratillo con la bocina por deferencia al padre de un
gran amigo, pero el resto acumula como resultado una composición bastante
cateta.
A la más que previsible por el resultado del Cartel, se le podría añadir la polémica existente a raíz del rechazo del pintor
Ricardo Suárez a realizar el encargo al no cobrar por ello. Este punto, el no renumerar un trabajo (como ocurriría con cualquier otro artesano, pero no con el pregonero), podría ser clave a la hora de la calidad final del encargo (ahí está la colección de la
Maestranza); no obstante este visitante mantiene que no debería desviarse el dinero del Consejo a fines que no sea la subvenciones a las Hermandades. A fin de cuentas siempre es una buena tarjeta de visita ser cartelista de la Semana Santa.

Sea como sea la realidad es que, desde que el
Consejo estableció al formato de cartel pintado (año1992), pocas veces el resultado ha sido de una calidad que llegara con un
mensaje claro y un estilo acorde a la época que vivimos. Se ha ido cayendo en una reiteración de temáticas que a base de repetición de un modelo ya hastiado, da un resultado más que viciado.
Algo debe de hacerse mal cuando se produce en el año 2010 una
regresión total. Sobre todo observando la evolución de los carteles durante el
pasado siglo. Entonces estaban frescas las influencias de la
cartelería de propaganda política iniciada en la
Revolución Rusa y pero compartida por regímenes de toda índole política. El cartel tenía un estilo propio, no era una pintura al uso. En nuestro país autores como
Carles Fontseré o
Joseph Renal fueron claros exponentes en nuestro país.


Los carteles compartían el anuncio de todas las
Fiestas de Primavera, tocando techo con la obra cumbre
"Luz y Gracia de Sevilla", de
Juan Miguel Sánchez (1931). A partir del año 1946 se segregó del mismo el anuncio de la Semana Santa, por lo que ya aparecen carteles específicos de la materia. Nos encontramos con carteles con un
estilo pictórico propio y definido, que bebían directamente de esa cartelería propagandística. Valgan muestras como los carteles de los años 1948, 1950, 1951…



Durante las décadas de los 50 y 60, los carteles siguieron esta línea iniciada ya hace años, y aún sin superar el nivel anteriormente dicho tuvieron un nivel pictórico bastante alto. El resultado gustaría más o menos, pero
eran consecuentes con los movimientos artísticos del momento.



El cambio vino con la primera etapa de cartelería del Consejo. Ésta, iniciada en 1980, se caracterizará por ser trabajos de
fotografía, imágenes que todos tenemos en la retina y que resultaban de gran calidad. Este paréntesis fotográfico parece haber hecho mella en la calidad de la cartelería, hasta encontrarnos con el nivel actual. Visto lo visto, quizás una vuelta a la fotografía no sería desafortunada.


No sabe este visitante la línea que seguirá en próximas ediciones, ni si se creará un
debate capaz de regenerar este hastiado modelo. Lo que si tiene claro es que en vez de este cartel, los anuncios de las vísperas volverán a crecer en formas de
convocatorias de cultos en las
fechadas de iglesias, y de
fotografías diversas
en escaparates de comercios (como esa zapatería de la calle Sagasta)…la luz de los primeros y tímidos atardeceres, y la vuelta de los vencejos, harán el resto...pese a que todos estos elementos estén
fuera de cartel.