Por aquel entonces el Daoiz vio como su Colegio había dado paso a los Cuarteles de La Gavidia y San Hermenegildo. Este recinto incluía la Iglesia ,actual Sala de San Hermenegildo (objeto de disputa de diversos organismos para su utilización)… Era una nueva configuración de una zona de la Ciudad que había crecido con calles trazadas a “cordel”.
A principios del siglo XX, Daoiz seguía familiarizado con su entorno. Pero a una nueva guerra, le siguió una etapa dura. Por entonces Sevilla era poco más que su Casco Histórico. Las directrices desarrollistas del “tardofranquismo” mandaban “renovar” la trama urbana; potenciar un centro comercial, y nuevos edificios de servicios (Comisaría de Policía, sede de Sindicatos), algo que se plasma con la apertura de nuevas calles (Virgen de los Buenos libros) y la actuación de la siempre cruel piqueta.

Daoiz, desde su atalaya, sabe que allá donde se ubica el edificio de Sindicatos y un existió la Casa Grande del Carmen. Observa el Corte Inglés donde se encontraban los Palacios de los Dalp…y la demolición de los Cuarteles….solo se respeta la Sala.
Quizás el crecimiento económico y de negocios, fue tan grande como la pérdida de un modelo de ciudad. Como en toda ruptura alguien pagó los platos rotos. Fue el primer edificio que se construyó…la Comisaría de Policía. Llegó al lugar equivocado en el momento más inoportuno. Daoiz se preguntaba si un estilo arquitectónico que bebía de los principios del Movimiento Moderno era el adecuado.

Pero realmente el Racionalismo era la línea que seguían todas las edificaciones administrativas o de servicios de la época…el Régimen perseguía una imagen más “moderna” que rompiera con un pasado tenebroso…y tras barrer cualquier huella del pasado había vía libre para un nuevo estilo. Ya su ejecución, a cargo de OTAYSA, debido a la precariedad de la obra, desvirtuó el espléndido proyecto de Ramón Montserrat Ballesté. Así, desde su finalización en el año 1962, el ciudadano la responsabilizó de la desastrosa planificación urbanística de la época…el deterioro de los años, la “metástasis” de los de aire acondicionados “ventaneros” y, sobre todo, el fin de la actividad entre sus paredes, hizo el resto.
Las calles a las que limita se convirtieron en eternas traseras de la ciudad. Quien se acercaba por la entrañable calle Cardenal Spínola, se encomendaba a Daoiz para que le diera suerte hasta llegar a la otra orilla…y en sentido contrario el Gran Poder siempre parecía estar más lejos.
Este visitante siempre que pasea por la zona se maravilla con la rotundidad de los volúmenes del edificio y de un estilo desgraciadamente poco presente en la ciudad….de la cuál nuestro edificio no se olvidó ya que hizo que se distribuyera en torno a elementos tan sevillanos como son los patios. Si este edificio se aprovechara para un uso cultural o social (como parece que se pretende) sería un nuevo referente de la zona.
Desgraciadamente, Daoiz acaba de presenciar como el proyecto de rehabilitación de este edificio, que conviene recordar que está Catalogado, se cayo de la lista del Plan 8000 y del PROTEJA…los pactos políticos es lo que consiguen…una extraña prioridad de actividades….en su lugar van a repavimentar el entorno de su monumento.
El otro día pasaba cerca. Daoiz ,en su pedestal, aún sigue siendo el General de una zona indefinida de la ciudad. Por la Gavidia, la antigua Comisaría viste envuelta en lonas, donde alguien ha querido darle dedicarle el único piropo que ha recibido de esta ciudad: textos de Chaves Nogales revisten sus paredes.
Se despide este visitante, con la sensación de que su perdida puede ser irreversible…pero esto lo lamentaran pocos, ya que con así se enterraría la rabia por destrucciones irreparables…No creo que Daoiz pueda hacer nada…igual que con la Casa Grande o el Colegio. Mis últimas palabras se las dediqué hace ya tiempo (su rehablitación fue objeto de mi Poyecto Fin de Carrera):
“el patio sevillano es siempre tránsito, y como todo tránsito (…) doloroso. En él se pasa, pero no se está (…) pero, aunque lo pasemos bien, no deja de ser doloroso ese pasar y no estar”
Manuel Chaves Nogales. La Ciudad